Hace mucho tiempo que, en las orillas del Mediterráneo, la vid y el olivo comparten la misma historia, la misma tierra y la misma luz, unidos por un simbolismo inmemorial.
Emblemas patrimoniales de un paisaje, signos eminentes de una cultura común y recuerdos vivos de un imaginario compartido, la vid y el olivo no han dejado de crecer uno al lado del otro en los mismos terruños.